SEMANA MUNDIAL DEL PARTO RESPETADO: La mujer embarazada tiene derecho

Con el lema “¿40 semanas? Respetemos los tiempos del nacimiento”, del 14 al 20 de mayo se celebra esta Semana que tiene como objetivo de promover el derecho de las mujeres a tener un parto humanizado.

Malos tratos, infantilización, violación de la intimidad, suministro de medicaciones en exceso, prácticas invasivas innecesarias y el no respeto de los tiempos biológicos son tan solo algunas de las situaciones a las que se somete a las mujeres a punto de dar a luz.

Laura Belli, becaria posdoctoral del CONICET en el Hospital de Clínicas “José de San Martín” y especialista en bioética, explica en esta entrevista qué se considera violencia obstétrica, qué implica el parto respetado y cuál es la situación en el país con respecto a estos temas.

¿Qué es la violencia obstétrica?

Son todas aquellas acciones violentas que los profesionales o instituciones de la salud ejercen contra las mujeres en el proceso de embarazo, parto y postparto. No es necesariamente lo que podemos pensar como violencia per se como gritos, insultos o discriminación sino también acciones simbólicamente violentas que van desde infantilizar a la mujer decirle “mami” en lugar de su nombre o atarle los pies a los estribos al momento de dar a luz por la comodidad del profesional que está atendiendo. Es también una forma de violencia de género porque abarca la decisión sobre la salud de la mujer, es una forma de violencia sexual y reproductiva.

¿La violencia obstétrica es una violación a los derechos humanos?

Sí, en principio viola el derecho a la dignidad de la mujer y es un problema grave. Debe darse el reconocimiento de esta problemática para cambiar el resto del tratamiento antes, durante y después de la atención del parto. Además tiene que ver con el derecho a un parto respetado y al reconocimiento de la mujer como dueña de su propio cuerpo.

¿Este es un fenómeno que da en instituciones públicas y privadas?

La violencia obstétrica se da en ambos sectores, se produce la ultramedicalización del parto y los partos por cesárea cuando no son necesariamente indicados por motivos médicos. La mujer sale del foco y toda la atención va hacia el niño y esto tiene muchísimo riesgo porque es la falta de reconocimiento de un individuo. Se la considera solamente en su condición de embarazada y se pierde el respeto hacia sus tiempos y necesidades.

¿Qué se considera un parto respetado o humanizado?

Parto respetado no es necesariamente equiparable a lo que se conoce como parto natural, puede ser medicalizado pero con el cuidado de ciertos derechos de las mujeres. Este tipo de parto garantiza el derecho a la privacidad e intimidad de la mujer; a que no se realicen prácticas innecesarias como las episiotomías y en el caso de las cesáreas supone lo mismo; que la madre pueda estar acompañada por alguien de confianza durante el proceso; que se le permita estar con el niño después del parto, salvo en casos que indiquen lo contrario y que reciban la información necesaria para tomar decisiones sobre las distintas alternativas de cómo y dónde parir para tener un plan de embarazo que en la medida de lo posible respete lo mejor para ella y su propia salud. Tiene que ver con el derecho a no recibir un trato cruel ni denigrante.

¿Cómo cual?

Como que se penalice a la mujer por gritar, moverse o “sentir dolor” diciéndole “vos querías esto, bancatela”, este tipo de expresiones están recogidas en muchos informes. Es muy común que se entienda que la mujer no debería sentir ningún tipo de molestia, dolor o complicación durante el proceso porque se supone que es un proceso elegido. Sin hablar de cuestiones más obvias como la discriminación a mujeres de sectores sociales desprivilegiados o migrantes de países periféricos que reciben en general un trato más duro.

¿Hay estadísticas oficiales sobre violencia obstétrica?

No, ni siquiera hay datos oficiales disponibles en el sector privado sobre la cantidad de cesáreas que se realizan, muchos los recogen, pero no hay obligación de hacerlos públicos. Tenemos la Ley de Violencia Obstétrica que se promulgó en 2009 que recoge estas cuestiones y da cuenta de cuáles son las prácticas que deben evitarse pero genera mucha resistencia y es muy desconocida. Sobre eso se podría pensar en la necesidad de hacer un estudio en instituciones de la salud por lo menos públicas para ver qué llegada tuvo la ley y que adherencia tiene por parte de los profesionales. Que la ley exista no garantiza el cambio.

¿La ley se aplica?

Es muy interesante, comprende el rol de la mujer como principal decisor en un proceso que la tiene como protagonista. Es una normativa muy completa y practicable, no pide cosas imposibles de llevar a cabo, pero creo que su aplicación ya sea por desconocimiento o resistencia, no llegó a las instituciones ni públicas ni privadas. La violencia obstétrica que es un tema que hace cinco años nadie trabajaba y conocía, que ahora se ponga en agenda y esté en boca de distintos agentes creo que va ayudar a que por lo menos por parte de las mujeres, los profesionales de salud o del Estado se empiecen a modificar ciertas prácticas.

¿A partir de cuándo se empezó a poner el foco en esta problemática?

La violencia obstétrica como práctica generalizada para cualquier mujer de cualquier sector se empezó a discutir a partir del año 2000 en Latinoamérica. En ese momento se empezaba a ver que esta violencia excedía a un grupo particular, como las mujeres de pueblos originarios, que iban a atenderse a instituciones de salud que no respetaban sus prácticas culturales. Este fenómeno nace desde América Latina y se empieza a construir con Venezuela como pionero, fue el primer país que lo define legalmente y crea la primera ley en el año 2007 y se gesta la idea de que la violencia obstétrica no tiene que ver solo con algo explícito.

¿Cuál es la situación en Argentina?

Hay muchas instituciones privadas que están cada vez más atentas a la posibilidad tener de programas de partos lo menos intervenidos posibles respetando los tiempos de las mujeres. Dentro de las instituciones públicas la Maternidad Estela de Carlotto es modelo de atención del parto respetado. Es excelente el trabajo que se hace con un gran equipo médico y con una población bastante violentada en otros aspectos de su vida, eso es muy interesante para poder empoderar mujeres y que tengan un rol más fuerte en su vida, en la sociedad y en la crianza de sus hijos. No se trata de infraestructura o dinero sino de lograr un cambio de perspectiva en los profesionales de la salud.

¿Cuál es la importancia de la Semana Mundial del Parto Respetado?

Visibiliza el problema. La importancia de esta Semana, de que se hagan charlas y capacitaciones y contar experiencias exitosas, es ayudar a que cada vez más mujeres reclamemos el derecho que tenemos y los profesionales de la salud empiecen a repensar sus prácticas. La primera parte de resolver el problema es romper con la naturalización o la idea de que ciertos procesos son así porque deben serlo. No se trata de poner en juego los saberes médicos sino modificar ciertas prácticas perniciosas para las mujeres.

El lema de este año es “¿40 semanas? Respetemos los tiempos del nacimiento”, ¿qué opinas de esto?

Es un problema frecuente que tiene que ver con la idea de que el niño tiene un momento particular para nacer y eso está determinado médicamente cuando en realidad hay una ventana temporal de seguridad en la que se puede producir el nacimiento, alrededor pero no necesariamente en la semana 40. El lema de este año advierte sobre la multiplicación de cesáreas innecesarias que son cirugías mayores y por ello pueden traer complicaciones. Se estima que en Argentina el porcentaje de cesáreas en instituciones públicas es de cerca del 30 por ciento y ronda el 67 por ciento en el sector privado. Hay que respetar los tiempos biológicos de la mujer que no siempre coinciden con los de la institución o el profesional de la salud.